¡Hola, hola compas de la Comunidad!
Para esta breve introducción a nuestra agenda -verdadera magia de este newsletter- quiero compartirles una idea que me quedó resonando de la entrevista que le hicimos a Alejandra Giacabone, musicoterapeuta, (¿la vieron en IG?): ella dijo “somos seres musicales antes que hablantes”; es decir que antes de entender qué es una “sopa”, entendemos la melodía y el ritmo con los que alguien nos dice “ya va, se está calentando”.
Le di varias vueltas a esta idea; no me quedaba tan clara.
Pero al fin entendí: lo que “leemos” en la música es la afectividad, la emoción que está impresa en la melodía o el ritmo. (Y esta es una experiencia que como adultos escuchadores de música experimentamos siempre.) Así, para los bebés la música es una suerte de código prelingüístico que saben interpretar con una extraña agudeza. Intuyo que esa interpretación de lo emocional en lo sonoro es lo primero que aprendemos. Con eso construimos la pista mágica en la que se desenvuelve el lenguaje verbal, la palabra.
Según otras perspectivas, la natural intuición musical de los bebés es parte del instinto de lenguaje: es una sensibilidad necesaria para construir los sonidos del lenguaje verbal; es decir cómo suena una lengua y poder producirla con las cuerdas vocales.
Creo que es claro que ambas perspectivas son ciertas, son complementarias. Por un lado, aprender a decir, por el otro lado ser capaces de interpretar la emoción en la palabra del otro, aun sin entenderla. Primero, el sentido preverbal; luego el significado verbal.
¿Por qué esto es tan importante? Pues porque explica el valor tan profundo de leer con bebés que claramente no están entendiendo las palabras que les leemos. En ese acto están aprendiendo de una forma que apenas podemos medir pero qué va a construir la forma en que piensen en el futuro. A mayor lenguaje, mayor pensamiento. Casi un axioma.
Me gusta pensar que el desarrollo de lxs chicxs no es solo una lista de hitos a tildar (si ya señaló o si ya dijo tres palabras); lo central es que un niñx se descubra a sí mismo como un ser expresivo, que sienta que su gesto provoca algo en el otro. Y que en ese ida y vuelta del sonido, algo crece.
Y ahí entran los libros: como una instancia privilegiada de uso de la palabra y el diálogo, esa palabra que ¡tan pronto! descubrimos que mueve el mundo.
Y ahora que hablé sin parar, los dejo con la agenda y una recomendación especial: el sábado 7 hay taller de historieta y presentación de Waterson 2 en Casa Gerbera. Para chicos a partir de 6 en adelante. ¡Bon apetit!
